El jabón

El jabón

La utilización del primer jabón se pierde en la bruma de los tiempos.

La referencia más antigua de la elaboración del jabón era una receta sumeria, fechada en el tercer milenio a. de C. Se trata de una mezcla de 1 parte de aceite y 5,5 partes de potasa.

Los egipcios ya utilizaban un producto jabonoso que consistía en

una mezcla de agua, aceite y ceras vegetales o animales, que también utilizaron los griegos y los romanos. 

Hasta principios del s. XIX se utilizaban en Europa jabones blandos, obtenidos a partir de grasa animal y ceniza de madera de haya, así como jabones elaborados a partir de aceites vegetales y sosa, que se obtenía sobre todo de algas marinas.

En 1.810 el francés Michel E. Chevreul saponificó grasas de sebo de vacuno a temperaturas de entre 80 y 100º C mediante lejía de sosa o neutralizando ácidos grasos con lejía de sosa o soluciones de sosa. La “cola de jabón” así obtenida la secaba con ayuda de sal común. Esto hacía que dicha sustancia se separase para dar un “núcleo de jabón” y una solución acuosa de sal común o lejía de sosa (glicerina).

En la historia del jabón se entrelazan a menudo la literatura y la leyenda. Ya en el siglo VI a.C, Homero narra en La Odisea cómo Naucasía, hija de Feacia, junto con sus sirvientas, pateaba en el agua del río la ropa sucia hasta dejarla completamente limpia. Así, a ese primer método detergente se le llamó “pié de doncella”.

Otra leyenda cuenta que el jabón fue descubierto accidentalmente en Roma, por un grupo de mujeres que lavaba su ropa en el río a orillas del Monte Sapo. En dicho monte se efectuaban diversos sacrificios de animales, y los restos de grasa animal se mezclaban con ceniza y otros restos vegetales, que al llover eran arrastrados monte abajo. Dicha mezcla de grasa con ceniza acababa en el río, donde las lavanderas observaron que la ropa quedaba más limpia al frotarla con ella.

Pero dejando al margen estos mitos y leyendas, y centrándonos ahora en la parte histórica, hay indicios de que ya en la antigua Babilonia se usaba el jabón, y que también los sumerios y los hebreos lo conocían. Así mismo, los egipcios lo utilizaron tanto para lavar la ropa como para fines medicinales. En el siglo I d.C , el naturalista e historiador romano Plinio, nos habla en sus escritos de un jabón blando conocido por los antiguos pueblos germanos, y otro jabón más duro utilizado por los galos. También en el siglo II d.C., el médico romano Galeno nos facilitó las primeras noticias sobre el empleo del jabón como medio curativo, así como para la fácil eliminación de la suciedad del cuerpo y de los vestidos.

Como indicamos al principio del artículo, la fórmula más antigua conocida del jabón, data aproximadamente del 2250 a.C., pero fue en el siglo VII y precisamente en la ciudad italiana de Savona (a la cual debe su nombre) donde se empezó a elaborar un jabón a base de aceite de oliva, que también se hacía en España y era conocido como “Jabón de Castilla”. La industria jabonera floreció en las ciudades costeras del Mediterráneo, favorecidas por la abundante presencia del aceite de oliva y la sosa natural, procedente de las cenizas de las algas marinas. En el siglo XV aparece también el conocido “Jabón de Marsella”, preparado con una mezcla de huesos (ricos en potasio) y grasas vegetales. En el siglo XVI el jabón era extremadamente caro, por lo que su uso no estaba muy difundido. Es por ello que no fue realmente hasta el siglo XIX, cuando se expandió el uso del jabón a lo largo de Europa y el resto del mundo.

Desde entonces hasta ahora, lo que ha evolucionado más en el mundo del jabón no ha sido tanto su formulación como su apariencia. Así, los jabones han pasado de su antiguo tacto rudo y aspecto poco agradable (no olvidemos que seguían elaborándose con grasas animales impuras y ceniza), a la cuidada presencia del jabón industrial que conocemos actualmente, o las vistosas presentaciones de los jabones artesanales de hoy en día.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los americanos desarrollaron un tipo de jabón que podía utilizarse con agua del mar, pensando en los marines destinados en el Pacífico: así nació el jabón dermatológico, el menos agresivo de todos los jabones.

El jabón

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